lunes 16 de enero de 2012

Peleando - Espinas

El viento sólo se transforma. Si el Castellón muere, si desaparece mañana, que no lo hará, no tantos responsabilizarían a Castellnou. Alguien ha hecho bien su trabajo.

La tierra nos engullirá a todos, pero a algunos antes que a otros. En 2009 sucedió el desplome albinegro, en 2010 un desastre, en 2011 una debacle, y en 2012 nadie lo sabe. Por lo pronto, en pleno ataque de vértigo de Miralles, el nuevo año desnuda los frutos de los errores sembrados en el anterior. En aplastante lógica, ahora se paga por lo de antes. Errores unos por incapacidad, víctima del lío legal de la sociedad, asfixiada por la doctrina Blasco; otros por omisión, clave la falta de plan estructural en la faceta comunicativa. El equívoco es habitual: creer que aplazar un problema significa resolverlo. Pensar que el silencio cicatriza cuando, en realidad, infecta. Llegar a casa, meterse a la cama, taparse hasta la cabeza y, horror, al despertar la mierda sigue ahí. Hasta que alguien se atreva a limpiarla. Y limpiarla no significa enterrarla.

Repasando el debe de esta primera vuelta, Miralles, que para empezar aún no parece entender dónde se ha metido, desaprovechó la inercia de la ola de la novedad. Ni supo explicarse ni muchos quisieron entenderle. Las formas no ayudaron y el aplazamiento del fondo, de la pasta, abrió la rendija para todo lo demás. Para la reapertura de la grieta conocida y periódica en el seno de Castellnou, incluso. Nadie aquí se fía de Miralles, que se siente solo en su verdad, repetimos una y otra vez, porque llegó a una plaza en la que la desconfianza se había instalado con anterioridad, y porque nunca ha dado argumentos suficientes, más allá de la palabra, más allá del tótem de Gómez Colomer, para que la duda se convierta en fe. Máxime, latente la amenaza del portazo, de la poca resistencia a la crítica, difícilmente explicable en quien afirma que manejará el dinero que afirma que manejará. Si le tendría que dar igual.

Además, señalando la torpeza del movimiento, ese amago de renuncia no ha hecho sino afilar el colmillo de los hambrientos que llevan meses estirando de la estaca, seguros de poderla tumbar. Son días de posicionamientos, ahora, y es curioso entrever las postulaciones. Previsibles, pero curiosas. Unos involucrando a la afición. Otros asomando entre las instituciones. Todos con altavoces y contactos en los que volverían a ser vendedores, en los medios... Todos rearmados para la nueva guerra. Casi ya.

¿Y el Castellón? En su mediocre camino de espinas.

Sólo el dinero es más rápido que el tiempo. Si Miralles se rinde, si se va en la próxima curva, que a saber, nadie podrá borrarle el estigma de cobardía y falsedad. Alguien no ha hecho nada bien su trabajo.

Enrique Ballester. Levante de Castelló. Los Viernes.

1 comentarios:

papacangrejo dijo...

Yo sigo perdido, no soy capaz de encontrarme.