Esto se anima, amigos. La semana empezó valiente. Nos acostamos en enero y despertamos de vuelta en junio. Lástima de frío. Miralles se plantó y tras reunirse con Gómez Colomer y los capitanes llevó a la práctica lo que solía contar desde que pisó Castalia. Que aquí todo el mundo es muy albinegro pero nadie pone dinero. Incluido él, podrían decir los jugadores y podríamos añadir ahora. Sea como fuere, después de constatar de nuevo el nulo apoyo institucional, lanzó su órdago, el primero de la semana. Que si alguien quiere el club, resumiendo, se lo vende, en principio, por la misma pasta por la que supuestamente él había alcanzado el acuerdo con Castellnou. Supuestamente, aquí, todo, claro. Cómo no.
De inmediato, en escorzo malabar, los mismos que llevaban meses insinuando, como poco, que el tigre no pintaba nada anunciaron su intención de reunirse con él. Pues vale. Después, como pasa y seguirá pasando desde que al pobre Castellón lo metieron en este lío, de cada cita dependiente de dos partes emanaron dos versiones opuestas, al gusto de cada fe. Palabra contra palabra, para variar. Alimento de especulación.
Seguimos. Nos contaron luego que Miralles, el medio amo, nada tiene que vender. Aquí hay versiones contradictorias, e incluso contratos de diferente color. Él exhibe las firmas de quienes le han vendido el 80% de Castellnou. Blasco, otra vez en el foco y siempre responsable principal de la asfixia burocrática de la sociedad, filtra que puede romper ese contrato cuando le dé la gana, porque no se ha cumplido ninguno de los puntos del mismo. Puede ser, pero ya sabemos que Blasco dice muchas cosas. De todos. Del tanteo y el retracto, de las auditorías, de la convocatoria de las juntas, de las ofertas que llegan o no llegan, que acepta o que no acepta, y hasta de la facultades mentales de cada cual. Osuna calla, pero Blasco dice muchas cosas. Y cada uno aquí se cree las que le interesa, cómo no.
A mí, a estas alturas, permítanme un ejercicio de constante incredulidad.
A un lado, Jiménez admitió no haber realizado oferta alguna, apostando por tomar el control del club por la vía judicial y ofreciéndose para gestionarlo cuanto antes. Al otro, Chinchilla redobló el órdago al aire de Miralles, concretándolo y dándole dirección. Que Jiménez compre que ahí lo tiene, vino a decir, y si no, que no me moleste. Luego la Fundación asomó con un comunicado de varios puntos. Dos me llamaron la atención. El del dossier de irregularidades jurídicas y económicas de los responsables del pasado y el de las denuncias penales y al honor, o algo así, por los insultos padecidos. Todos sabemos quién y por qué puso a Pastor en el punto de mira. Se le acusa de evitar la compra de quien ahora no hace oferta. Aún. Pero ya sabemos, recuerdo, que Blasco dice muchas cosas. De todos. Cómo no.
El órdago de Chinchilla, por cierto, fue doble. Alcanzó a las instituciones. Y es que al final, por muy de moda que se ponga estos días el concepto gestión, el problema nace y muere en el dinero. El que quiere Castellnou, el que deben las instituciones y el que se necesita para sobrevivir. Dinero, cómo no. Por ahí irán los movimientos que vienen y por ahí desnudaremos, ahora sí a la luz, a quienes ayudan o entierran al CD Castellón.
Que sea rápido, por favor.
Enrique Ballester. Levante de Castelló. Los Viernes.
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