lunes 26 de diciembre de 2011

Lo dice Mikel...

Aquí.

"Aparte del fútbol tenía otros intereses. No estaba del todo metido en la profesión. A veces tenía dudas y no sabía si estaba contento de ser futbolista. Muchas veces tenía la tentación de dejarlo, aunque el fútbol también tenía cosas que me gustaban. Sentía interés por asuntos que parecía que estuvieran vedados para el futbolista y no podía hacer lo que el resto de la gente joven hacía. De repente, de la noche a la mañana, en mi vida sólo existía la Real y era un poco demasiado. Con la distancia entiendo que era una gran oportunidad pero en el momento no lo sentía así. Quería leer, quería escribir, quería ir con los amigos, quería hacer mil cosas y no llegaba a nada".


"Está claro que cometí muchos errores, que tal vez me podría haber ido mejor. Pero qué sería la vida sin ellos. Quiero decir que en aquella época me amargaba un poco. Juegas en el equipo de tu casa, las críticas te afectan más, eres joven y te exiges mucho pero ni tú ni el equipo respondéis a las expectativas. Llegas al campo y fallas un pase y luego el siguiente. Al final te quema la pelota y te entra un miedo de narices a fallar. Eres malo, la Real va a descender por tu culpa. Y cuando sales a la calle todo el mundo te lo recuerda. No sólo eso, sino que al domingo siguiente hay otra final. Evidentemente, me lo tomaba muy a pecho. Un poco más de sangre fría me hubiese venido bien. Sabes que eres muchísimo mejor que eso que estás mostrando, pero puedes entrar en una mala espiral, pierdes confianza. Parece que la Real lo es todo. Y evidentemente no lo es. Debes ser capaz de separar lo deportivo de lo personal, si no te puede comer. Con el tiempo, veo la época de la Real como algo que no salió demasiado bien, pero le tengo mucho más cariño que cuando salí y me culpaba por ello. Quiero decir: soy yo, es mi camino, espero seguir cometiendo errores y fallando. Las experiencias malas no lo son tanto, es cuestión de enfoque. Siempre me impresionó una frase de Kasparov que decía “cuando uno gana siempre, pierde de vista sus defectos y se encuentra maduro para perder”. La etapa de la Real me enseñó muchos defectos que espero no olvidar en el futuro, no sólo futbolísticamente. Encuentro cada vez cosas mucho mejores de aquellos años y echo de menos la camiseta ‘txuri urdin’, que llevé lo mejor que pude".


"Reconozco que sé lo que se dice por ahí. Que ha habido una revolución tecnológica que lo ha puesto todo patas arriba y sálvese quién pueda. Me gusta el periodismo apasionado, los románticos del deporte a los que se les eriza el pelo al escribir. Y no es de forofismo, hablo de esa gente que ves que, cuando algo grande sucede, una buena jugada, un tiro, un momento en un choque de máxima tensión entre dos personajes, es como si estuvieran oyendo a su grupo favorito o acabasen de enamorarse. Los que escriben bien y saben que el fútbol o cualquier deporte es pura emoción, sin nada a cambio. Esto se nota y, cuando lees a alguien así, te dan ganas de acudir al estadio, te entran ganas de jugar. Ese es el periodismo que me gustaría ver y no el morboso, el que busca polémicas donde no existen, el que no busca la belleza del deporte".