lunes 10 de octubre de 2011

Peleando - La Lección

Recapitulemos. El Club Deportivo comenzó el curso más tarde que pronto, un par de días después de que Heredia dijese a algún jugador que se buscara la vida, que el tinglado se iba al garete. Con apenas una semana de entrenamientos, el susto en el cuerpo y los juveniles completando la convocatoria, se afrontó el primer partido. El invento funcionó relativamente bien, se ganó con cierta autoridad y hubo quien pensó que la temporada sería un plácido paseo triunfal, a poco que el equipo se pusiera a tono, y a poco, también, que los siguientes refuerzos pudieran llamarse refuerzos.

Sin embargo, sin apenas tiempo para que nadie, incluido el entrenador, pudiera advertir al club, a sus jugadores y a eso que solemos llamar entorno, llegó el partido de Alzira para frenar euforias y situarnos frente a un mapa que nos ubica en una posición tan cruda como real. Es el Castellón un equipo construido sobre un pilar de sangre canterana, un único veterano de pasado lujoso y un telón cosido a base de retales. Es un club en una delicada situación económica, rodeado por diversos conflictos de intereses y envuelto por la urgencia histórica de escapar sí o sí, este curso, de la categoría en la que compite. Sobreexcitado, extramotivado y acuciado por la presión, ese grupo ha rendido siempre con honor y a menudo con gloria. La paliza de Alzira lo envió al lodo, y de ahí se levantó con esfuerzo, coherencia, ratos de buen fútbol y el aliento de una grada que pronto comprendió que el camino iba a ser largo, pesado y, de vez en cuando, cruel.

La escalada del equipo por la tabla clasificatoria alcanzó su cenit el pasado domingo, con la entrada en los puestos de promoción. Ya en la previa, se advertía del relajo que suele seguir a la pérdida de la novedad, a la sensación que nadie dice pero todos comparten de cumbre hoyada, de objetivo cumplido. En Alicante se juntó un poco de todo, hasta construir una derrota francamente evitable. Ante un rival que no conocía la victoria, el Castellón saltó mandón y dominante, asido a la batuta de Miguel Ángel y al filón que encontró Raúl por el costado derecho. Pero, quizá por verse tan fácil en el balcón del gol, por no palpar una exigencia clara y reconocible, los albinegros se dejaron llevar hasta ensuciar su juego, descarrilar del partido y negarse la alabanza. Resumiendo, primero faltó colmillo, después sobraron prisas.

Lejos de suponer un drama, cabe interiorizar el fiasco como una lección, otra, y la dificultad como un desafío, otro. A más bofetadas durante el invierno, más dura será la piel en primavera. Y a más obstáculos superados, mayor será el carácter a la hora de la verdad.

Enrique Ballester. Levante de Castelló. Cada Viernes.